LA PERSONA EN SU FORMACIÓN DE CARÁCTER
Además de tener
inteligencia, el ser humano posee voluntad. Una y otra se complementan a
tal punto,que de poco le serviría la primera si no ejercitara la
segunda. Mientras la inteligencia le permite descubrir
la verdad, su voluntad lo lleva hacia aquello que considera bueno.
Una persona de carácter es aquella que sabe ejercer su voluntad. De ahí que el carácter sea una disposición permanente de la persona para organizar sus fuerzas e impulsos de acuerdo a los principios y valores que considera correctos.
Ser una persona de carácter es algo difícil de lograr. El período 11 a 15 años, en que el joven empieza a cuestionar el estatus derivado de la familia y gradualmente da forma a sus propias normas de comportamiento, es la etapa más apropiada para aprender a ejercitar la capacidad de decidir por sí mismo. La comunidad que se forma en la patrulla de amigos y la vida de la Unidad contribuyen a ese ejercicio, ofreciendo a los jóvenes de ambos sexos experiencias que les permiten educar su voluntad.
Es el período en que debe:
+conocer sus posibilidades y limitaciones,
+aceptarse con capacidad de autocrítica
+y mantener a la vez una buena imagen de sí mismo, estabilizar sus estados de ánimo,
+formar su sentido del humor,
+desarrollar su sensibilidad para detectar la inconsecuencia y apreciar el valor de la coherencia personal.
La vivencia de la Ley Scout cumple un papel fundamental en la formación de la conciencia moral y del carácter.
Los jóvenes forman su propia escala de valores, que consolidarán durante la adolescencia y poco después de su término. En ese proceso son fundamentales:
+la disposición a escuchar a los otros,
+el compromiso con la verdad,
+su ánimo siempre alegre,
+el afecto por sus amigos,
+la valoración de su familia, el servicio a los otros,
+el respeto por la naturaleza
En nuestra sociedad, la menor presencia de los padres en el hogar no favorece el desarrollo afectivo de los hijos, lo cual provoca problemas de hiperactividad, inseguridad y falta de concentración, que, unido a la alta exigencia académica, hace que muchos niños se colapsen.
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